De Kosovo, el Cáucaso y nuestra soledad

Los que han estado al tanto de la actualidad internacional, sabrán que mañana 10 de diciembre se marca un hito en el largo proceso de búsqueda de una solución mediada al conflicto que vive una pequeña porción de tierra situada en el corazón de los Balcanes, y que pasó en sólo un par de años del anonimato internacional a una fama bastante trágica: Kosovo. Mañana se agota el plazo por el cual la UE, Estados Unidos y Rusia intentaron acercar a las partes en disputa y lograr una solución que intentara dejarlos conformes.
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No se pudo.
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Y de aquí a unos meses, probablemente los kosovares, que hasta hoy forman parte de Serbia, declaren unilateralmente su independencia.
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Serbia no estará muy contenta.
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Rusia, aliada histórica de sus hermanos eslavos del sur, tampoco.
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La ONU no saltará de alegría. La misión que encabezaba el finés Martti Ahtisaari no pudo conciliar a las partes, y el organismo internacional una vez más no saca cuentas alegres en sus esfuerzos por solucionar dentro de cauces diplomáticos e institucionales un conflicto regional que causó miles de víctimas. Ahtisaari proponía algo así como una independencia gradual, pero Serbia jamás apoyó esa medida, pues lo máximo que estaban dispuestos a ceder era a otorgar altos grados de autonomía a esa provincia, su provincia, de mayoría albanesa.
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Los kosovares, por otro lado, jamás aceptaron algo que no fuere una independencia total de su disputada región.
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Estados Unidos y otras naciones occidentales, sobre todo de la Unión Europea, sonríen, aunque sólo discretamente, pues a fin de cuentas estaban por culminar con la independencia de Kosovo.
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¿Qué pasará después de mañana? No lo sabemos.
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Pero, ¿a qué va una reflexión sobre una región de los Balcanes en un blog sobre el Cáucaso?
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No, no es confusión (por cierto, muchísima gente piensa que el Cáucaso y los Balcanes son lo mismo). Lo que ocurre es que lo que está pasando hoy en los Balcanes puede afectar directamente la estabilidad del polvorín caucásico.
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Como acertadamente lo recoge la última edición del Economist, el Cáucaso Sur (Armenia, Azerbaiyán y Georgia) está plagada de regiones separatistas que podrían ver lo que pasa en la ex Yugoslavia como un muy conveniente antecedente. Abjasia y Osetia del Sur (dentro de Georgia), y Nagorno Karabagh (en Azerbaiyán, pero actualmente bajo dominio armenio tras la guerra que enfrentó a estos dos países en los años 90), son ejemplos de zonas que podrían en un futuro cercano, clamar por un trato similar al de Kosovo.
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Bajo cierta perspectiva, estas regiones tienen algunas características similares a las de Kosovo: territorios habitados por un pueblo o una etnia distinta a la que los gobierna: los kosovares en Serbia, los armenios de Nagorno Karabagh en Azerbaiyán, los osetios en Georgia, etc.
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Un referente como Kosovo, no pasará desapercibido en el Cáucaso Sur. De hecho, probablemente tampoco pasará inadvertido para los chechenos que viven en Rusia, los vascos o catalanes de España, los turcos de Chipre, y suma y sigue...
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Hay miles -y en ciertos casos abismantes- diferencias entre cada uno de los ejemplos que formulo. Pero aún así, el precedente que puede ocurrir tras el desenlace de Kosovo, puede encender mechas ávidas de fuego en muchas partes del mundo.
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Zaki Laïdi, un politólogo francés, en Un Mundo sin Sentido, hablaba -citando a Freud- del "narcicismo de las pequeñas diferencias". Vivimos en una sociedad híperglobalizada, donde la comunión de intereses, la homogeneización de la cultura, y la ubicuidad de los mismo referentes, hacen que muchos se vuelvan hacia sus raíces, sus únicas, originales y exclusivas referencias. Así, los ínfimos detalles van a distinguirnos, y también a marcar las odiosidades, los intentos de separatismo, las ansias de encerrarnos entre iguales, ni siquiera entre parecidos.
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Y aquí, me pregunto, ¿si constantemente estamos buscando agruparnos entre iguales, o encontrando las diferencias con el otro (más que los puntos de encuentro), para marcar algún grado de distancia, para reconocernos en medio de esta tribu global... no llegará acaso el momento, en que el hombre, en ese impulso sin sentido de segregar, termine quedándose solo?
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¿Absolutamente solo?
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Cristóbal

4 comentarios:

valeria dijo...

Me encantó este post, redondito, sobre todo la reflexión final. Quizás es necesario que existan las diferencias y las semejanzas para agrupar a los pueblos, es una identidad colectiva, sentirse parte entre iguales. Lo esencial es mantener la comunicación y el encuentro.
Gran post.
Arriba Cáucaso!!

Anónimo dijo...

¡Gracias!

Cristóbal

NICOLAS EMILFORK dijo...

La tolerancia, el aceptar al otro en toda su dimensión, entender que la identidad de uno se constuye a través del otro son cosas que se alejan cada vez más del hombre contemporáneo. Y como decías al final del post, quizás este se termine quedando absolutamente solo. Sin embargo siempre está la esperanza y la existencia de personas que tienen claro la pluralidad y la convivencia en forma fraternal. De verdad un excelentísimo post. Felicitaciones!

mireia dijo...

hola mi nombre es mireia.
es posible disponer del documental proyecto caucaso? llevo tiempo vagabundeando por interntet sin resultado alguno.

dos amigas y yo estamos montando un monofilms para pasarlos en un centro social autogestionado. queremos contribuir a transmitir la identidad social de diversas reguiones de montaña.
gracias de antemano.